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Wednesday, November 13, 2013

Luján Funes.
Exorcisar el dolor.

Por Valeria González

Revista El Gran Otro. 2013



Definir al artista como sismógrafo es postular que existen subjetividades sensibles a los temblores del suelo, capaces de dotar de discurso al habla muda de las cosas. Los medios no se interesan por el movimiento constante de la corteza terrestre. Prefieren registrar los cataclismos, y apelar al asombro de lo repentino y gigantesco. Lo mismo sucede con las transformaciones sociales. La imaginería catastrófica presenta los momentos de crisis como si fueran súbitos terremotos, impidiendo ver sus hilos más profundos y longevos. La crisis de 2001 marcó un vuelco en el trabajo de muchos artistas argentinos. Sin embargo, como en las erupciones del magma terrestre, lo que salió a la luz estaba acumulándose y aguardando, hacía tiempo, su oportunidad.
La obra de Luján Funes cobró visibilidad a partir de 2002. Aquí se reproducen cuatro momentos significativos de su camino: el archivo analítico de suelas de zapatos gastadas, la personificación de La Señora a través de una instalación de cartas, fotografías y objetos que pertenecieron o pudieron pertenecer a una dama de vida acomodada que acabó echada en mercados de pulgas, ¿Porqué sufrís, Funes?, un trabajo performático en el que la artista, envuelta, como Joseph Beuys, en una capa protectora de fieltro, exorciza el poder dañino de los diarios tapándolos con tinta, y Cuerpo de mujer donde el poder dañino de las revistas femeninas es clausurado en lápidas de cerámica.
¿Qué hilos anteriores, qué desconocidos derroteros, qué desplazamientos y fracturas precedieron o se dieron encuentro en esta obra que parece desplegarse, firme y continua, en la década que sucedió a la última gran crisis argentina? Estas preguntas guiaron una larga conversación con Luján Funes, cuyo relato abreviado intentamos plasmar aquí.

Los diarios entintados y las revistas de cerámica devienen obras visuales a través del mismo acto que impide la lectura. Este conflicto entre lo visible y lo legible nos llevó al inicio mismo del camino. Luján recordó el primer escenario, el taller de escultura de Enio Iommi. Y cómo allí, la aparición de la escritura marcó también el primer corte. Recordó obras con pizarrones y lápices gigantes, animados por proyecciones o movimientos pendulares. Recordó el prolífico adiós del maestro: por aquí ya no puedo seguirla. No sólo se trata de un hilo que puede conducirnos hasta algunas obras recientes. De allí en más, ni la escultura ni otro medio definieron de antemano la labor de Luján Funes. Ella se abocó a encontrar, para cada idea, el lenguaje necesario.
Una de esas búsquedas la llevó al estudio de las técnicas de grabado. La tinta que después cubriría los diarios surgió muchos años antes. Luján se recuerda tiñiendo de azul trapos bastos o deshilachados, fingiéndolos útiles para una bandera argentina. Recuerda también que el trabajo causó disgusto en su grupo de clínica de arte. Comenzó a recolectar guardapolvos de trabajo en tiendas de segunda mano. Los creía testigos del desempleo creciente. Finalizaba la década de los 90. Si con color azul había redimido viejos trapos, luego la tinta se volvió más agresiva: en una serie de monocopias, el blanco guardapolvo fue sacrificado en función de su huella. Me dijo que la impresión cenital le evocaba la muerte.
Acopiadora incansable de cosas que parecen no importarle a nadie, comenzó también a juntar suelas gastadas. “Del guardapolvo al juntapolvo”, dijimos, como en broma. El cambio más determinante no fue pasar de un objeto mudo a otro más locuaz, sino la transformación definitiva de la bioquímica Luján Funes en artista. Si en las monocopias había realizado un ritual de sacrificio del uniforme de trabajo, con la invención del E.R.A.S. (Ente Regulador de Análisis de Suelas), ella transmutó en arte la energía de su saber científico. Una institución ficticia le otorgó el poder de dedicar los protocolares métodos del análisis taxonómico y diagnóstico a un montón de zapatos rotos.
En 2003, el E.R.A.S. fue exhibido en el Centro Cultural Borges. A través de cientos de –aparentemente lacónicas- etiquetas de laboratorio, aparecían destellos de vidas probables y, entre todas, testimoniaban, desde la ficción, la realidad de una trama social también deteriorada.
En 2004, mediante una invitación del Museo Nacional del Grabado, llegó el momento de presentación al público de La Señora. Sin embargo, la dama ya habitaba, hacía años, en el domicilio de Luján Funes. Había crecido de tal manera que ya se disputaban entre ellas los espacios en las habitaciones, los armarios, los estantes de la casa. Luján la guardaba como un rehén secreto, cautelosa de que una señora de alta clase resultara inapropiada en una Argentina ya sumida en la crisis y la pobreza.
En efecto, como los estereotipos suelen tentarnos con sus clasificaciones fáciles, la percepción del contraste social entre las suelas rotas y la elegante dama que viajaba a Europa, fue inmediata. En 2008 (las dos estábamos presentes), Ticio Escobar escuchó a Lujan contar cómo limpiaba una a una las suelas, antes de guardarlas en sus bolsitas impecables; la escuchó también contar las cosas que “le” compraba a la señora, cosas que necesitaba o que podrían agradarle. Para él lo esencial no radicaba en los “temas”, sino en la cualidad de atención amorosa dispensada, de igual manera, a las suelas anónimas o a esa señora afortunada y olvidada. No se trataba, por supuesto, de los rasgos de personalidad de la señora Lujan Funes sino de una obra de arte cuyo eje consistía en la creación de un personaje (al que luego llamaría, por supuesto, Funes) destinado a sufrir y a reparar el desamparo, en sus formas más diversas. Volvimos, nuevamente, al corte inicial. Al abandonar el taller de escultura, ya desde los trapos y los guardapolvos, lo que la artista hacía era rescatar cosas y dispensarles cuidado.
Portar el apellido de Ireneo Funes le dio permiso suficiente para apropiarse del desdoblamiento del nombre de “Borges y yo”. También él plantea un escenario ficticio donde la persona que escribe mira al personaje-autor creado por su obra y se lamenta. Pero allí donde el atributo de Borges es la pública solemnidad, el de Funes es el sufrimiento. Un último recuerdo. El traje de fieltro que protege a la sufriente Funes de las noticias nos condujo otra vez al guardapolvo y la asepsia del laboratorio. Y también, al fracaso con que Luján interpela la verdad de la ciencia y, más aún, a la verdad que Joseph Beuys creía poseer y transmitir a su público a través de sus rituales terapéuticos. Porque el dolor es el lugar irreductible donde naufraga el lenguaje.


Wednesday, March 02, 2011




Funes y yo

Funes el memorioso, Borges y yo. La invención de un ser singular, carente de olvido; la sospecha común de que vivimos postergados detrás del personaje que representamos en público. Sin duda, portar el apellido de Irineo habilita a Luján a Jugar con las dos otredades más inquietantes imaginadas por el escritor argentino.
Juego subversivo, porque si la acumulación incontable de documentos evoca la memoria infalible del orillero Funes, la tinta presurosa y la barbotina espesa delatan una urgencia que no puede reducirse a pura información.
Juego subversivo, porque si Borges encuentra un verdadero ser del otro lado del espejo, Luján construye un personaje en el pequeño abismo de un vestido que ya no cierra.
Acumular para exorcizar. Tapar para develar. Allí donde el hombre descansa en la autenticidad de una biografía, ella compone, con figuras comunes – madre, bioquímica, señora burguesa, artista visual – un espacio de redención amorosa de aquello que nos duele mirar.


Valeria González

ThisisNotAGallery -Diciembre 2010

Tuesday, October 20, 2009

PROYECTO EL KIOSCO-HEMEROTECA DE FUNES

Funes y yo
Yo la veo. Fui testigo del nacimiento de Luján Funes. El personaje se recortó como silueta en mi living recortando diarios. Todas las mañanas se pone sobre el camisón una armadura de fieltro para protegerse de la mala información, de las manipulaciones mediáticas, de las catástrofes inventadas. Usa una capa con capucha de fieltro grueso, con un barbijo también de fieltro. En los bolsillos hay un cúter, lápices, tijeras y marcadores negros gruesos. Se la abrocha con esmero.
L.F está siempre rodeada de cajas de archivos. Toma antihista-mínicos antes de iniciar la tarea contra los ácaros que la van a envolver ni bien empiece. Hay diarios y revistas femeninas (pilas) en el living, cocina, lavadero y dormitorios. Muchos en las sillas del comedor. Para comer la familia tira los diarios en el suelo. LF luego los levanta y continúa las operaciones.
Ella ama a J Beuys y a Boltanski. Son los fantasmas acompañantes que la tranquilizan.
Cuando ve cómo los medios bajan línea ,piensa ¡!!qué desgraciados !!! cuando enuncian “crimen pasional” en lugar de “Violento asesinó a su mujer”,cuando lee…cómo manipulan y meten miedo con la crisis mundial, la gripe porcina…sobretodo en América Latina.
Tiene otros fantasmas: los de los diarios que tiran sus vecinos, que todos los días le deja el portero en su puerta. Luego mientras toma su café matinal comienza a ver los diarios del día y los de ayer, y los de ayer, y los de ayer.
Elige las hojas más contradictorias, luego, las va a entintar. En especial, las de la sección economía.
En cambio las brumas de mi adicción flotan por arriba de mi cabeza.
¿A qué es adicta L.F.?
No puede dejar de estar informada. Podría curarse si deja de comprar diarios, de mirarlos x internet, de escuchar la radio, de mirar los informativos de la noche x TV.
Recorta los títulos. Se mira las manos ennegrecidas y agrietadas. Parte a la cocina o a su taller a entintar. Elige las palabras sin sentido fatalista y elimina el resto.¿Quedará como “resto” algún sentido?
L.F. acciona sobre objetos reales .Sobre la realidad para transformarla o digerirla .Parte de necesidades básicas insatisfechas. Elige y fabrica. Consume y produce.
¿Por qué lo hace? Porque es una acción reflexiva y sanadora Reparadora de la intoxicación. Luego, se siente aliviada.
Su cuerpo, el trabajo, el blindaje son inútiles. Pero sonríe con un desafío a la triple inutilidad. Hay un resquicio de esperanza en el futuro. ¿Algo se puede cambiar? ¿Estamos a tiempo?
Operaciones materiales: ponerse la armadura, cortar, rasgar, entintar, pegar, envolver, encintar, mostrar.
Operaciones intelectuales: clasificar, elegir, pensar, reconvertir los errores, imaginar el futuro.
El resultado de estas operaciones está en el cuerpo de la obra y en el cuerpo de la artista..
Este escrito reflexiona sobre una obra más vasta que se llama ¿Porqué sufrís, Funes?
Del grueso de esta forma operatoria surge la instalación inédita “El kiosco –Hemeroteca de Funes”. Ambas son un trabajo en proceso.
Creo que el kiosco refuerza el trabajo inútil de la artista.
Funes sería feliz de poder intervenir los kioscos de Buenos aires y transformarlos en un lugar potenciado por el esfuerzo de su mirada. Menos agresivo y más sincero, más ético y con más libertad de la que los medios destilan.

Thursday, September 17, 2009

" ESTUDIO GRAFOLOGICO hecho para el proyecto "La Señora"

Grafología

INFORME PSICOLOGICO A TRAVES DE TECNICAS GRAFOLOGICA

Se ha efectuado una comparación entre los escritos de 1958 y 1973, en el cual se ha observado como ha influido el paso del tiempo en su personalidad.1958Se observa una persona con gusto por lo claro y correcto, buena motricidad y dedicación y tenacidad en la realización de las tareas.Es dinámica, con buen humor y algo impaciente. Le gusta el éxito y actuar en los asuntos de negocios.Se destaca por su carácter individualista, enemiga de las medias tintas y muy exigente con los demás y consigo misma. Tiene una excesiva necesidad de expresarse a través de la palabra, de acaparar la atención de los demás, de forma amable abierta y espontánea, imponiendo de esa manera sus ideas.Hay en ella una necesidad de libertad, gusto por los ambientes claros y ventilados y también una tendencia al despilfarro y desaprovechamiento del tiempo. Esto produce un conflicto entre lo que “piensa y siente”, por lo tanto su actitud es prudente y necesita reflexionar antes de tomar sus decisiones y ordenarse interiormente, dominando su emotividad. Por esta razón se muestra algo tímida e insegura y con dificultad para enfrentar su realidad, un tanto utópica, concebida por un espíritu que desconoce los hechos reales. Se deja llevar por tendencias idealistas, religiosas o místicas y huye hacia las esferas de la fantasía, de la novela o del ensueño con los ojos abiertos.En el aspecto social tiene pocos amigos, los cuales son elegidos en el entorno donde se desenvuelve. Sufre mucho por no poder expresar sus sentimientos ya que se auto controla, a veces en exceso.Refleja lentitud en sus decisiones, pero una vez tomada es irrevocable y una búsqueda inconsciente de apoyo económico.Se observa acumulación de tensiones y de angustia. Facultades críticas muy desarrolladas que torna difícil que acate órdenes.1972/1973Después de estos años se observa una evolución de su personalidad a través de los años.Hay mayor capacidad de concentración y aprovechamiento del tiempo, lo cual la lleva a tener más prudencia y reserva .En esta etapa el conflicto se ha trasladado entre lo que “quiere hacer y no puede”, sobre todo en lo material, en el instintos de conservación, en su sexualidad presente, como así en lo más placentero. También hay una gran necesidad de apoyo, voluntad débil y miedo a perder lo económico. Se observa una ambivalencia afectiva con conflictos entre el deseo y el temor, entre el afecto y el odio, entre los impulsos egoístas y los sentimientos compasivos.Su tendencia a fantasear ha aumentado, casi hasta la mitomanía, inventando historias y heroicidades, con motivo de frustraciones prolongadas en cualquier esfera, amoroso, profesional, social o económico.Sin embargo se muestra más abierta, dinámica y extrovertida según las circunstancias. Ve las cosas de forma general como en detalle y pone más apasionamiento en lo que emprendeEvita los roces y no desea problemas y a veces se muestra algo indolente.Su carácter es más flexible, se adapta con mayor facilidad a los demás pero de manera inconstante.Estas luchas internas le producen angustia sobre su futuro, abatimiento y desaliento. Pueden ser producidos por alguna enfermedad o depresión. Su melancolía podría surgir sin motivo aparente o como consecuencia de la pérdida de un ser querido.

María Inés Vidaurre de Mc CarhyPerito grafólogo

Monday, July 04, 2005

"La señora" - instalación

La instalación trata de una búsqueda, de una indagación, del encuentro con la historia de una Sra. argentina, nacida a principios de siglo, que pienso pertenece a la “aristocracia argentina ganadera” y fue rescatada, de un mercado de pulgas.
Consiste en la recreación de un mundo no propio.
Es un trabajo sobre el tiempo. Una reflexión sobre el tiempo dentro del tiempo.
Fue encontrada en otro momento de nuestro país, en 1999, y es, para mí, emblemática de una época argentina.
De “ La señora” ha escrito Luis Chitarroni

La señora



 Tratamos a la realidad como si fuera una molestia. A menudo lo es, a menudo no nos damos cuenta y ni siquiera advertimos sus alarmas, sus estrategias,  sus insinuaciones. No estamos alertas. Tal vez eso nos salve, nos ayude a cruzar a nado el día, a no volver a pensar en él,  a recordarlo un poco a ciegas, confuso en la materia  del pasado. Henry James hablaba de "la delicadeza de lo real", esa instalación simultánea y perfecta que nos consuela, nos cautiva o nos desalienta con uno solo de sus destellos. La distracción, mientras vivimos, es un defecto  de los tantos que  corregiremos, nos decimos, mañana. Y mañana es ese futuro promisorio en el que resolveremos la vida, nos volveremos metódicos, aprenderemos a estudiar nuestro estado de ánimo por las vetas de nuestras uñas. Pero la realidad llega de nuevo. Y nada corregimos nunca.
 ¿Qué pasa cuando una vida, otra vida, nos convida su distracción, su lenta postergación de sensaciones puras, su penitencia diaria y diurna,  su olvido, su sueño protector de la vigilia, su  errancia, su desequilibrio? No creo que lo sepa un médium, intérprete y transmisor del momento,  ni un biógrafo, coleccionista lerdo de secretos, pistas que conducen al relativismo o a la perplejidad, desperdicios. Quedan los artistas. Pero los artistas, con la idealización puesta sobre esta casi mala palabra, están demasiado ocupados realizando su propio descubrimiento, conquistando ese territorio en el que la distancia cronológica vuelta historia indicará "innovación" o "reposo". Innovación como dato discontinuo, feraz, irrupción de lo propio en el dominio de todos; y "reposo" como tierna ocupación artesanal de un territorio dominado.
 Nadie puede decir a cuál de esas categorías pertenece La señora, de Luján Funes, pero cualquiera advierte en esta "puesta en presencia" las fuerzas pugnaces de la vida y el arte en fuga. O, para decirlo mejor, con palabras de otros, "entre el hastío de ser y el aburrimiento de existir" la recuperación de ese paso, ese aliento, ese jadeo de la vida.
 La vida de la señora, pasada, es, una vez muerta la señora, el futuro del artista, que colecciona con celo fetichista sus fotografías, sus pertenencias esparcidas, su caligrafía y su silencio. Pero, como ocurre siempre, lo que el artista recauda nada tiene que ver con lo que da. Su derroche  es el que simplifica cualquier duda que el cínico tenga entre el precio y el valor. La señora cuya segura vida burguesa Luján Funes
nos entrega con toda la delicadeza que la realidad parcial permite extraer, usurpar, no es un documento acerca de las condiciones de vida en décadas prósperas y adversas, con esa sucesión de crisis políticas y económicas que incluso los adolescentes pueden evocar ya sin mayores riesgos ni errores, sino un rito de resurrección que debería estremecernos. Por medio de intenciones, anhelos, secretos y sobre todo misterio, no tenemos que vérnosla con un cuerpo exhumado, desenterrado, sino con el aire, el hálito, el tiempo y el espacio, los demasiados puntos cardinales que una vida -otra vida, una vida anterior- exigen para que podamos seguir viviendo la nuestra. Sí, dice Luján Funes con una intensidad que vuelve todo vigilia: la atención es la soberana de estas privilegiadas señoras que nos escarnecen: la imaginación, la inteligencia, la memoria. Atenta en doble acepción, la que implica también amabilidad -tan necesaria para registrar los rastros de una clase media orgullosa de su discreto pavoneo-  Luján Funes presenta una obra/vida con todos los matices y escrúpulos que el arte y la realidad exigen. 

 


                             Luis Chitarroni